Pueden adoptar dos formas. Una persona de gran belleza, ojos de colores vivos y mirada intensa o una bestia serpentina con una piel de escamas que actúan como la mejor de las armaduras y unas armas mortíferas como eran su aliento (ya fuera en forma de fuego o de aire helado), sus garras y su misma sangre, que resultaba un ácido muy potente al contacto humano. También se les relacionaba con una vista sobrenaturalmente aguda, la misma mirada del dragón era capaz de fulminar a sus adversarios.
El dragón es caracterizado como una criatura de enorme poder, grande y fiera, es representante de la fuerza y de lo poderoso.
A lo largo de la historia ha sido temido, pero a la vez en muchas culturas se le adoraba como a un Dios. No solo pueden atacar físicamente, sino que dominaban los secretos de la magia con la que podían maldecir o hechizar sin que la gente lo notara. Son de sangre caliente y su temperatura corporal es controlada internamente. Son muy ágiles, también pueden nadar, lo que los convierte en cazadores muy peligrosos para otras criaturas.